Encuentro con Arturo Ripstein. (méxico o qué)

Es uno de los directores de cine más importantes de latinoamérica y posiblemente el más productivo. De muy joven fue asistente de Luis Buñuel en El ángel exterminador a su paso por México. Con 21 años dirigió Tiempo de morir (1965), un western charro con guión de García Márquez. Ha realizado una obra compleja y contundente, donde abunda el pesimismo y la soledad de sus personajes. Sobresalen títulos como El lugar sin límites (1977), El imperio de la fortuna (1985), Principio y fin (1993) o Profundo carmesí (1996). Llegó con paraguas porque llovía. Dice que no vale la pena hablar de sus películas: "Ya las olvidé y nunca quedé conforme con ninguna". Cree que el cine latinoamericano no tiene demasiado valor, y que "nadie elegiría un director latino entre los cinco o incluso diez preferidos". Sobre esto, asegura no gustar demasiado de la obra de ningún director argentino -cada nombre genera una cara de limón mayor-. De Glauber Rocha sólo defiende Dios y el diablo…, de Hermosillo (el de La ciudad y los perros y Pantaleón…, nada. Hollywodd, por su parte, es la meca de la mierda intrascendente. Pero ojo que tampoco tolera el cine independiente yankee: los Coen son unos farsantes, la peli indie Little miss sunshine (aquella road movie de una familia en un concurso de belleza) la ve como una mariconería vacía. Para Arturo, Scorsese es un gran sobrevalorado (sólo se salva Taxi Driver), Clint Eastwood un mentiroso… uno de los grandes culpables de todo esto sería el Festival de Sundance, creado por Robert Redford, en donde todos los cineastas se las tiran de independientes con el fin de trabajar para la Paramount en el futuro.Tiene claro que ningún director realiza una obra completamente buena. Por eso, le gustan varias cosas, aunque nunca todas, de Bergman, Fassbinder o Passolini (que nunca estuvo entre sus preferidos). De Uruguay dice que "es un sitio muy lindo, aunque también es el país más triste que conocí, lleno de viejos como yo". Recuerda con buena memoria la obra de Onetti, en especial la trilogía de Santa María. Tanto le gusta, que varias veces intentó filmar Juntacadáveres y nunca pudo conseguir quién lo financiase. Luego, rememora la trama de El infierno tan temido y Bienvenido Bob. También le gusta la obra de Felisberto Hernández. Le sugerí filmar La casa inundada, aunque dice que ya no tiene ganas de hacer nada, que su próxima película va a demorar bastante. Es que Ripstein siente que "este mundo ya no me pertenece, no es el mundo que conocí y no lo entiendo; yo prefería aquellos tiempos que gustaban de mis películas". Posiblemente por eso, trató de subnormal al jurado del pasado Festival de San Sebastián, donde había ido a presentar "Los secretos del corazón" su última película. Aunque cuesta creerlo, confiesa que disfruta mucho del rodaje de sus películas, e intenta generar un clima ameno y tranquilo. Me hubiera gustado preguntarle cosas intrascendentes, saber si prefiere duraznos naturales o en almíbar, conocer su equipo de fútbol, aunque siempre tiene cara de malestar, algo así como un fastidioso dolor en el hígado. Al salir, pagó la cuenta. Antes, me ofreció una golosina. Era un caramelo ácido.


No hay comentarios:

Publicar un comentario