El amigo alemán

Con Daniel nos hicimos amigos goteando inglés como podíamos. No sabía una sola palabra en español y su alemán se me hacía incomprensible. Posiblemente la rabia que sentimos hacia su paisano nos juntara. El otro germano era un boludo completo. Forro y altivo. Daniel, en cambio, es de esos tipos buenos a primera vista. Vive en Hamburgo cuidando enfermos terminales y maneja unos tiempos muy apaciguados. Compartíamos cuarto en la comu; siempre lo vi vestido igual. Tres o cuatro veces hicimos fútbol con latinos en el Central Park. Ellos usaban gorros, tatuajes y ropa holgada. Hablaban de vatos, cuates y clicas con efusividad. Nos los comimos en dos panes. Jugamos bastante más.

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