Extras, para todos (con copia a Ricky)






Había un frío loco y se estaba haciendo tarde. Todo consistía en el cómico encuentro entre un corredor de autos con casco, un punk post muro de Berlín, un músico erudito de barbas largas y un pastor con su rebaño. Despreocupados, bebían cerveza mientras varias chicas blondas, seguidas de unos hombres vestidos con tiroleses, representaban bailes típicos de alguna tierra. Fue la mejor manera que encontró un grupo de publicistas para representar la semana alemana del Súper. El compromiso de los actores era discutible, similar al de los técnicos que trabajaban en esa proeza. Quienes más contestos estaban, sin dudas, eran los extras. Aunque la cámara los atravesara mini segundos, se afincaban en el esfuerzo de aparecer en cada toma posible. Poner su risa, hinchar la cara, alegrarse montones cada vez que se lo indicaban. Después, claro, el frío los volvía a poner serios con una especie de látigo. Ellos querían salir, que su familia los viera, verse, estar, convertirse en actores o volver para el próximo comercial. Reconozco que no sabía cómo eran, aunque había visto la serie de Ricky Gervais un tiempo atrás. Yo, por cierto, hacía de fotógrafo de celebridades que no paraba de disparar flashes a los presentes. Y tampoco sé bien qué hacía. Cobrar, como todos.

Presidentes de mi país

Cualquiera que haya viajado un poco puede corroborar el grado de aceptación que tiene Mujica en el exterior. Todos sabemos el carácter simbólico de un presidente que desprecia los bienes materiales y que fue guerrillero pero supo adaptarse a la democracia. Argentina y Brasil tienen dos mujeres presidentas, un gesto progre que no asegura nada: pensemos sino en Margaret Tatcher. Paraguay se animó a tener un ex cura con muchos hijos aunque lo destituyeron. Estados Unidos siguió estas corrientes y definió las elecciones demócratas (que en definitiva eran las nacionales) entre un candidato negro y una ex primera dama. Pero para Uruguay, a esta altura, una presidenta mujer parece quedarle corto (que me perdone Constanza). Lo que precisa nuestro país es un travesti negro como mandatario. Por eso, te pedimos que ubiques al travesti negro de tu barrio para que podamos candidatearlo y acrecentar nuestros gestos simbólicos. Por un país mejor. Para seguir siendo un poco más.

Díptico a las patadas (para otto dix, que le cambié la pintura)









Muchas veces trabajé en un trabajo. Con esto, me refiero a desempeñar ciertas tareas que no generan demasiado compromiso ni gusto en uno. Andábamos por el dos mil, me enamoré de una novia inexplicable y tramitaba papeles en la aduana. Tenía dos jefes que se odiaban y se jodían toda vez que podían. Alguna vez pensé que me convertiría en Despachante de Aduanas, seguramente para confirmar que nunca tuve una vocación clara, o que mi vocación fue siempre la de ser lo que nunca fui. Cuando vi la pintura sabía que era la cara de mi jefe, aquel que permanecía durante días enteros en la oficina. Eso sí, había que ver su excitación cuando ocurría algún choque y corría hacia el balcón a chusmear. Hablaba de piñas, preferencias, bembas hechas pelota. Nadie era muy feliz y lo ocultábamos tan bien… Duró lo que tenía que durar, como todo.

lento pero seguro

Era una historia inigualable. Se trataba de una novela coral donde un negro atorrante, un judío tacaño y un oriental rencoroso luchaban (a su modo) por el amor de una rubia bien trola que tenía como amigo (y a la postre delator) a un puto que hablaba montones. Al final la blonda, harta de tanta violencia, será salvada por un caribeño caliente pero poco inteligente del que se enamorará perdidamente. Ningún editor quiso saber de nada. Algunos hasta tuvieron el tupé de acusarme de políticamente incorrecto. Otros dijeron que era un verdadero imbécil. Todo fue muy doloroso para mí. Al fin de cuentas era pura diversión para toda la familia. Ahora, más tranquilo y sin ánimo de darle de comer a esta majuga envidiosa, me afinqué en lo que será mi último libro: “Biografía ilustrada de Sergio Denis. El último intelectual del canto”. Es que la vida de este hombre es harto interesante. Para los que no lo conocen, nació en Provincia de Buenos Aires en 1949 con el nombre de Héctor Hoffman pero, al instalarse en Capital lo cambió por el mucho más artístico Sergio Denis. Desde 1970 ha sabido ganarse al público en base a su carácter y sensibilidad. Cuenta con innumerables éxitos al mejor estilo pop romántico, y entre sus canciones más populares podemos destacar: “Cómo estás querida”, Yo nunca supe más de ti”, “Te quiero tanto” o “Un poco loco”.

Exhibió su música en grandes escenarios y cuenta con más de una veintena de discos en su dilatada carrera. Además, ha sabido enamorar a hermosas mujeres como Cris Morena o Susana Giménez. También, y en el declive de su carrera, conquistó una jovencísima novia que no tuvo mejor idea que serle infiel en un Gran Hermano que contó con un pico inusitado de audiencia. Esto descompuso obviamente a nuestro artista, que estuvo retirado de las tablas por años, víctima de una fuerte depresión. Luego de varios baypasses y algún que otro paro cardíaco, Sergio logró sobreponerse y, con un rotundo cambio de actitud, retornar a su actividad musical . Todo, para el deleite de su queridísimo público. En fin…una historia conmovedora en un libro que contará con fotografías a color, letras de sus canciones y una entrevista al gran artista en donde confiesa que sufrió de abusos adolescentes. Todos los ingredientes para una historia única y sensacional que nadie se querrá perder. Ahora sí, el camino de mi escritura será lento pero seguro.