Para el loco Antonio

Santiago Vázquez es un pueblo de Montevideo que orilla el río Santa Lucía. Tiene un puerto natural que forma parte de una gran extensión de humedales. Dicen que en tiempos pasados fue un importante balneario. Debe su nombre a un destacado político uruguayo del siglo XIX que colaboró en la redacción de la primera constitución. Por eso, es posible que su nombre se nos aparezca en años escolares y se borre a partir de nuestra adolescencia. Los años de escuela… Santiago Vázquez es también un músico cesionista argentino que ha sabido tocar con artistas de peso. Tiene varios discos solista y algún corte de difusión de dudoso gusto. Un parapsicólogo español tiene el mismo nombre. Asegura que hay cosas que nunca fueron contadas; y está dispuesto a largarlas en cualquier conferencia. Su último libro versa sobre la autenticidad de la mortaja de Jesús. Para el autor el mundo está lleno de complots, enigmas y masones. Quién sabe. Usa gafas redondas, fuma en pipa y tiene un tic que lo obliga a mover una nerviosa mano por su barba. La parodia de un estudioso. Santiago Vázquez es además un centro penitenciario. Hacinados, los presos hablan de motines, cortes y rastrillos y se cuidan el culo toda vez que pueden. Los delincuentes viejos cuestionan la falta de códigos de los más jóvenes. Las personas, por más miserables que se encuentren, siempre intentan una moral que avale sus acciones. El día estaba lindo y el pueblo también. Es de esos sitios pobres pero dignos, eso bien típico de Uruguay.

el rock y la vida

Bienvenido Bob es un cuento que habla, como casi toda la obra de Onetti, acerca del paso del tiempo. Lo leí demasiado joven pero fue recién después de los treinta cuando comencé a pensar en esas cuestiones. Hace un tiempo tocó el Power Criollo Trío y en mi mesa se encontraban varios amigos. Había también una rockera crítica y extrovertida que no estaba a gusto con la música y comenzó a demostrarlo hasta hacerme sentir incómodo. Odio la gente que está de vuelta, los que consideran que lo vieron todo y ya no queda nada. Me he pasado la vida intentando ser gracioso u ocurrente, y pocas veces lo he logrado. Aunque fue ahí, en ese oscuro y oloroso rincón de Kalima, que dije: "Vos no sos más rockera que yo, sos más vieja". Porque soy inmensamente estúpido o subjetivo, nunca voy a leer sus libros. De esto ha pasado un tiempo. Todos somos más viejos, y es posible que hacer un racconto de los proyectos cumplidos en nuestras vidas sea tan desagradable para Juan Carlos Szelsa como para mí. Pero qué carajo importa. Hoy toca mi amigo Maxi en La Comuna y casi todos vamos a estar ahí. Menos la rockerita, claro.

Cartas íntimas

Querido Jorge: Como buen uruguayo, soy un gran aficionado del fútbol. Por eso, escucho tus transmisiones radiales desde que tengo recuerdos. Creo que eres un gran comentarista deportivo y, tus opiniones, han forjado mi manera de ver el fútbol pero también contribuyeron a delinearme como persona. He seguido tu carrera profesional y cambié de dial toda vez que otros empresarios solicitaron tus servicios. Mi madre, debemos reconocerle, me introdujo en algo que voy a llamar sin titubeos "tu obra intelectual". Ella, lamentablemente ha dejado de existir hace muy poco, luego que se le parara su corazoncito. Al momento de la desgracia seguíamos tus palabras en un Peñarol-El Tanque Sisley, partido de medio pelo que a la postre terminó 1 a 1. Recuerdo que tildaste el match de "mediocre y mal jugado; con dos equipos indiferentes al buen juego". Aunque ya desde antes, mami me había preparado para su muerte. Para ello, me dio indicaciones sobre los pocos bienes que tenemos y de los que ahora soy único heredero. Y también me hizo ciertas confesiones que me dejaron helado. Jorge, quiero que entiendas… como siempre has dicho, en la vida hay que hacer honor a la verdad, ir siempre de frente y decir lo que los demás callan por interés o desconocimiento. Por eso, debo decirte lo que Mami susurró un sábado sin fútbol por una estúpida huelga de jugadores: Jorge Da Silveira, eres mi padre. Sí Toto, si se me permite la confianza. Soy hijo de Marita, aquella kiosquera que te vendía golosinas frente a radio Sarandí, las que consumías antes y durante todas las transmisiones. Espero que recuerdes a la chica de Tacuarembó que conquistaste en base a tu conocimiento y elegancia, tu intachable moral y tu pujanza inquebrantable. Mami siempre decía: "Le gustaba trabajar, yo lo veía que nunca paraba, y era una luz, nunca perdió un examen de derecho hasta recibirse de Doctor. Porque él trabajaba y estudiaba". Esto, debo confesarte, me lo largaba porque nunca estuve a tu altura, y abandoné los estudios bastante temprano en la vida. No me gustaría que desconfiaras de mí. No busco riquezas ni nada a cambio. Lo hago basándome en tus principios de vida, esos que te han llevado tan lejos como comentarista deportivo y persona, y que te han permitido ver de primera mano todos los mundiales, visitar los estadios más emblemáticos del fútbol y conocer ídolos del deporte del balompié, estableciendo relaciones de igual a igual con Bilardo, Pelé, Maradona y quién sabe cuántos más. Te repito, en todo este tiempo no has perdido un hijo, sino que has ganado un seguidor, un soldado siempre dispuesto a defenderte y transmitirte energías en tus interminables luchas deportivas. Con Mami jamás criticamos una sola de tus posiciones. Nunca desconfiamos de tu extraño rechazo al Maestro Tabárez, ese que nos ha dado tanto en el fútbol mundial. Sabemos que él no te otorga un trato distinto, como si fueras un periodista más, uno del montón. Y Mami siempre decía: “Él no es un comentarista cualquiera, es El Toto Da Silveira, un señor con todas las letras”. Ella siempre defendió tu pedido de jugadores con buena cabecita, disciplinados y obedientes al universo táctico de cada director técnico. Por eso, criticamos con energía esos que te ofenden diciendo que sólo buscás pataduras de tu misma clase social, jugadores de buen nivel cultural con los que podrías tomarte un café y charlar de cuestiones extra fútbol. En casa nunca pensamos que fueras clasista papá, y perdón por el exabrupto. Sí creemos que todo tiempo pasado fue mejor (aunque no lo haya vivido, confío en tus vivencias), y estoy seguro que el fútbol de antes era más profesional, más entretenido y colorido que lo que tenemos ahora. Como bien decís, nos encontramos ante una pérdida de valores mounstruosa. Por eso es importante que siempre estés ahí, copando cada espacio radial y televisivo que haya disponible para imprimirle tu gran energía a pesar tus setenta y largos años. Porque eres el mejor relator que tiene el Uruguay, aunque los periodistas deportivos estén casi todos arreglados con el poder y más que periodismo hagan publicidad solapada de marcas, jugadores, técnicos y la mar en coche. Como ves, el apoyo que te brindamos desde nuestra humilde casita del Cerrito es incondicional. Y no disminuye ahora que no está mami cocinando y escuchándote. Ay Toto, si me parece que la veo, limpiando y recordando el amor que vivieron ustedes en el pasado. Hasta me sonrojaba a veces cuando la escuchaba. Un hijo nunca está preparado para escuchar las confesiones amorosas de una madre. Pero era tan romántico lo que contaba que yo la dejaba seguir, mientras la casa se llenaba de un olor a aceite y milanesas que éramos la envidia de los vecinos. Creo que voy a ir dejando por acá ya que estamos a minutos del comienzo de tu transmisión. Espero que entre las muchas cartas de tus seguidores, esta misiva llegue a tus manos y puedas conocer la verdad, esa que tanto defendiste a lo largo de tu vida. Un abrazo y seguimos juntos.


                                                                       Tuyo, Beto


 PD: Mami siempre decía que esa chica de la tv, la supuesta cómica de cole privado y mucho hockey no era tu hija. La verdad es que no estoy seguro porque para mí bien que se parecen. Y debo reconocer que en el último tiempo los achaques de mami le habían afectado la cabecita. En fin…a pesar de su frescura yo no la considero mi hermanita. Sólo para que lo sepas.